Basado en Josué 21:43 – 22:9 (Versión Reina Valera 1960)

De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. Y Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos. No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió. Entonces Josué llamó a los rubenitas, a los gaditas, y a la media tribu de Manasés, y les dijo: Vosotros habéis guardado todo lo que Moisés siervo de Jehová os mandó, y habéis obedecido a mi voz en todo lo que os he mandado. No habéis dejado a vuestros hermanos en este largo tiempo hasta el día de hoy, sino que os habéis cuidado de guardar los mandamientos de Jehová vuestro Dios. Ahora, pues, que Jehová vuestro Dios ha dado reposo a vuestros hermanos, como lo había prometido, volved, regresad a vuestras tiendas, a la tierra de vuestras posesiones, que Moisés siervo de Jehová os dio al otro lado del Jordán. Solamente que con diligencia cuidéis de cumplir el mandamiento y la ley que Moisés siervo de Jehová os ordenó: que améis a Jehová vuestro Dios, y andéis en todos sus caminos; que guardéis sus mandamientos, y le sigáis a él, y le sirváis de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma. Y bendiciéndolos, Josué los despidió, y se fueron a sus tiendas. También a la media tribu de Manasés había dado Moisés posesión en Basán; mas a la otra mitad dio Josué heredad entre sus hermanos a este lado del Jordán, al occidente; y también a estos envió Josué a sus tiendas, después de haberlos bendecido. Y les habló diciendo: Volved a vuestras tiendas con grandes riquezas, con mucho ganado, con plata, con oro, y bronce, y muchos vestidos; compartid con vuestros hermanos el botín de vuestros enemigos. Así los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés, se volvieron, separándose de los hijos de Israel, desde Silo, que está en la tierra de Canaán, para ir a la tierra de Galaad, a la tierra de sus posesiones, de la cual se habían posesionado conforme al mandato de Jehová por conducto de Moisés.

En el cristiano, nunca debe haber ningún tipo de egoísmo. Es más, si una persona en realidad desea obtener la vida eterna, la entrada al reino de Dios, no puede ser una persona egoísta. Para comenzar, la única manera que alcanzamos la vida eterna u obtenemos entrada al reino de Dios es solamente a través de hacer la voluntad de Dios y no la nuestra. No hay otra manera. Esto dijo el Señor: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Mateo 7:21. Este es un principio bíblico fundamental, y en realidad debe ser el todo del hombre. Si una persona pierde de vista esto, no va a ganar absolutamente nada, no importa la fe que profese tener. Esto también está escrito: Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven. Romans 14:8-9. Así que, si una persona no busca vivir para Cristo y hacer la voluntad de Dios, está perdiendo miserablemente su tiempo. No va a conseguir absolutamente nada. Y muy francamente, debiera buscar hacer otra cosa, aunque el único camino hacia Dios, hacia la vida eterna, sólo se encuentra a través del Señor Jesucristo. Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Juan 14:6. Esto podrá sonar duro, pero es la verdad: Si una persona no quiere hacer la voluntad de Dios, y aún menos vivir para El, ¿qué va a hacer entonces en el cielo? ¿Qué otro propósito tendría Dios, al dejar entrar a tal persona en Su reino, sino el de hacer Su voluntad por toda la eternidad, sí ni siquiera le interesa hacerla aquí qué es tan poco tiempo, en comparación?

Habiendo dicho esto, ¿qué es entonces la voluntad de Dios? Esto dice Su Palabra: Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. Mateo 22:37-40. Cuando nuestro amor está enfocado en el Señor; el Señor siempre nos llevará a amar al prójimo, y el amor solo se demuestra con hechos, y no con palabras, ni solo con buenas intenciones y nada más. Dios mismo nos dió Su ejemplo al no solo decir que nos amaba, sino que lo demuestra a través de todos Sus hechos, como la creación, todo el universo que Él sostiene en su lugar y hace funcionar a través de Su Persona, cosas que ni aún entendemos, y aún peor, tomamos por asentado. Él dá la lluvia y la luz, y permite que nuestros corazones palpiten, que todas nuestras funciones involuntarias, como lo llama la ciencia, trabajen, como también, el aire que respiramos. Todo esto nos da Dios a diario. Y como si esto fuere poco, El demostró Su amor sacrificialmente, al dar a Su Hijo Unigénito, al Señor Jesucristo, para que muriera por nuestros pecados, para que por la fe en El y la obediencia a Él, pudiéramos tener la vida eterna. Todo esto lo hizo y lo hace Dios solo por gracia, porque El no tiene ningún tipo de obligación con nosotros. Esto dice Su Palabra: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. 1 Juan 4:10-11. Así que, si amamos a Dios como El se lo merece, eso nos llevaría a obedecerle, lo cual envuelve el amar al prójimo.

Vemos también este principio en lo siguiente: …Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos.  Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.  Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. Juan 21:15b-17. Noten que cada vez que el Señor le preguntaba a Pedro si le amaba, y él le respondía, Él le mandaba hacerle el bien a Sus ovejas o corderos, y las ovejas y corderos representan a las personas que siguen al Señor. Pero esto también manda el Señor: Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Matthew 5:43-45.

Los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés no se quedaron en su lugar para disfrutar su posesión, sino que le obedecieron a Dios y fueron con sus hermanos para que ellos también lo pudieran obtener. Mi consejo sería: Deja a un lado todo egoísmo porque solo te llevará a la perdición, y busca del Señor honestamente para que El te guíe hacia lo que más vale la pena: A la vida eterna, con recompensa eterna. Así que, ¿seguirás viviendo egoístamente para satisfacer tus propios deseos y así condenarte eternamente? O, ¿Buscarás amar al Señor y vivir para El para que El sea quien te recompense eternamente? ¡Qué el Señor les bendiga! John ¡Dios bendiga a Israel!

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