Basado en Romanos 8:1-14 (Versión Reina Valera 1960)
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.
Entendemos a través de todas las cosas creadas de qué Dios es un Dios muy intencional, y que todo lo que El ha hecho está hecho de acuerdo con Sus designios, a Sus pensamientos, y no por accidente. Entendemos que Su Palabra también ha sido hecha de la misma manera. Puede haber muchas teorías y ideas de cómo se hizo la Biblia, y algunas pueden ser acertadas, y otras no, pero tanto como por la fe y también, al ver una unión y coordinación tan perfecta entre sí, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, también aceptamos que Su palabra, sí es verdad y nuestra única guía para llegar a El. Y es por eso por lo que nos debemos guiar por ella tan cuidadosamente, y de no sacar doctrinas usando un versículo por ahí y otro pasaje por allá, si no aprender una enseñanza a través de la plenitud de las Escrituras.
En el pasaje de hoy, se nos enseña que debemos andar en el Espíritu, si legítimamente deseamos tener nueva vida en Cristo, si queremos llegar al cielo u obtener la vida eterna. El andar en el Espíritu no se trata solamente de una oración que se hizo como decisión para seguir a Cristo, sino también vivir después día a día con Cristo, buscando hacer la voluntad del Padre todo lo que podamos. Sí, hay un momento que debemos entregarnos al Señor para poder nacer de nuevo, y claro, hacerlo de corazón, pero, eso no es todo, sino que sólo es el comienzo de un largo camino que hay que caminar y terminar reteniendo una fe genuina y un estilo de vida que glorifica a Dios. Si eso no se cumple, no importa la fe que uno profese tener, ni cuánto diga una persona que cree en Cristo, si no anda en el Espíritu como lo manda la Palabra, no va a obtener la entrada al reino de Dios. Esto no es una opinión, sino un hecho que la propia Palabra de Dios enseña, como lo que leímos hoy.
La Palabra de Dios es nuestra instrucción, y por eso se nos da como mandamiento, porque es necesario hacer lo que El dice. Cuando llegamos a Cristo y le damos nuestra vida, el Espíritu Santo entra en nosotros, pero eso no quiere decir que ya todo está hecho, o como muchos piensan, que nuestra vida está puesta como sobre rieles, como un tren, y de que ya no hay que preocuparse de nada. Eso tampoco no es así. Siempre está el asunto del libre albedrío, aún cuando hemos venido a Cristo, porque todo está sujeto al amor, y en el amor no hay ni obligación ni control. Por eso que la palabra de Dios nos manda a andar en el Espíritu, porque es una decisión. No es algo automático. Escrito esta: Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. Gálatas 5:16-25. Por lo tanto, no solamente vivimos por el espíritu, sino que debemos decidir andar también en el Espíritu para poder obtener la eternidad.
Muchos piensan que existe tal cosa como la predestinación, y sí, la Biblia habla acerca de eso, pero aún dentro de eso también hay lugar para el libre albedrío. Por ejemplo, no hubo una persona en la historia tan elegida como Juan el Bautista. Esto dice la palabra acerca de él: Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Lucas 1:41-44. Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. Mateo 3:13-17. Así que, Juan fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre, y fue el que bautizó al Hijo de Dios, y también escucho el testimonio del Padre desde los mismos cielos. Pero, veamos lo que pasó en su fin: Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Mateo 11:2-3. También le llegó el tiempo a Juan que él tenía que tomar una decisión: o de seguir creyendo en el Señor, o de rendirse. Si Juan tuvo que llegar a ese momento de decisión de seguir andando en la fe en Cristo o no, ¿qué te dice eso de ti y de mí?
Así que, es necesario no solamente llegar a la fe en Cristo, sino también, seguir en ella hasta el fin, andando en el Espíritu, seguir cambiando y buscando hacer la voluntad del Padre, buscando la instrucción y revelación de Dios a través de Su Palabra, y siempre hablando con El, como dice: Orad sin cesar. 1 Tesalonicenses 5:17. Así que, ¿Ándas en el Espíritu o sigues viviendo como te parece? ¡Qué el Señor les bendiga! John ¡Dios bendiga a Israel!