Basado en 1 Corintios 7:17-40 (Versión Reina Valera 1960)
Pero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así haga; esto ordeno en todas las iglesias. ¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide. La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios. Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede. ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más. Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres. Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios. En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel. Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia; que hará bien el hombre en quedarse como está. ¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte. Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar. Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa. Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer. Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor. Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen que pase ya de edad, y es necesario que así sea, haga lo que quiera, no peca; que se case. Pero el que está firme en su corazón, sin tener necesidad, sino que es dueño de su propia voluntad, y ha resuelto en su corazón guardar a su hija virgen, bien hace. De manera que el que la da en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor. La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor. Pero a mi juicio, más dichosa será si se quedare así; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios.
El punto que el Apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, está explicando en este pasaje, es uno primordialmente, y es lo que define si una persona realmente va a obtener entrada en el reino de Dios, o no, y es el asunto de vivir para Cristo. A través de todo lo que explica, el tema que es fundamental es: el vivir para el Señor sea cual sea nuestra condición o circunstancia, y esto define todo, y lo que hace ver más claramente de lo que en realidad se trata el Evangelio. ¿Qué no es parte del Evangelio? El Evangelio no se trata de encontrar una esposa o un esposo, ni de tener hijos. El Evangelio no se trata de resolver nuestros problemas, sean problemas matrimoniales, o problemas con hijos, o ni siquiera de resolver problemas de salud. El Evangelio no se trata de tener amigos o amigas. El Evangelio no se trata de tener una casa o posesiones, de obtener un bienestar económico, ni aún menos, de “disfrutar la vida” como muchos cristianos piensan. El Evangelio tiene como centro la Cruz de Cristo, y tenemos que entender que Cristo no sufrió en este mundo, ni murió en una cruz por ninguna de estas cosas, aunque sean necesarias y no sean malas en sí mismas, sino que, El permitió que Su cuerpo fuera hecho pedazos, y derramó Su sangre por algo mucho más grande y significativo. Y si no entendemos este punto, no solamente viviremos vidas inútiles, sino que no obtendremos entrada en Su reino. Aunque una persona diga que cree en Cristo, no encontrará ninguna justificación en el Gran Juicio de Dios.
Lo primero que debemos ver es que el requisito principal para ser salvo, aparte del arrepentimiento y conversión de todos los pecados, es el creer, pero, sobre todo, el hacer a Jesús nuestro Señor, como esta escrito: Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Romanos 10:9. Y, ¿Qué significa que El sea el Señor de nuestras vidas? Que ya no le pertenecemos ni nos domina el pecado, ni Satanás, ni siquiera nosotros mismos en nuestras vidas. Cuando le aceptamos como Señor, nos estamos entregando a El literalmente para hacer Su voluntad. Este es todo el propósito por el cual Cristo murió, para darnos la otra oportunidad de cumplir el propósito para el cual fuimos creados y hechos, para servir a Dios. Escrito esta: Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven. Romanos 14:8-9. En esta vida, hay dos lados solamente, no hay neutros, por lo tanto, o le perteneces a Dios a través del Señorío de Jesús, o le sigues perteneciendo al enemigo. Pero la Palabra dice esto para tu consideración: Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 6:20-23.
Y finalmente, si un cristiano solo está buscando de Dios para hacer su voluntad, para arreglar sus problemas, o aún peor, tratando de utilizar a Dios, no importa lo que profese creer, está siguiendo la muerte, y tendrá eso como fin. Escrito esta: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1 Juan 2:15-17. Al final de todo, cada uno de nosotros dará cuentas ante el Señor, de lo que hizo, de cómo vivió esta vida, y en ese momento, el Señor determinará que sucederá con nosotros en la eternidad, si viviremos para siempre en El y con El, o si recibiremos la condena más grande que un ser podrá tener. Esto dice la Palabra: Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. 2 Corintios 5:9-10. Por lo tanto: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Mateo 7:21. Así que, ¿Vives para el Señor, haciendo contar todo lo que haces aquí y ahora para el futuro eterno, o sigues decidiendo vivir para ti mismo, y así desechando la vida eterna? ¡Qué el Señor les bendiga! John ¡Dios bendiga a Israel!