Basado en Romanos 5:1-11 (Versión Reina Valera 1960)

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.

Cualquiera pudiera preguntar: ¿Por qué es necesario pasar prueba y tribulación? ¿A Dios le gusta que suframos, que tengamos dificultades? ¿Por qué un Dios de amor puede permitir que haya dolor, sufrimiento, enfermedad y muerte? Estas preguntas no tienen respuestas fáciles, pero sí hay respuestas, y todas se encuentran en la Palabra de Dios. Ahora, porque uno recibe respuestas, no quiere decir que eso haga las cosas más fáciles al momento. La respuesta no necesariamente significa que vayamos a evitar todos los males que puede que pasen en este mundo, pero, tal como lo dijo el Señor:  Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:32.

Ahora, ¿qué alivio puede traer el conocer la verdad en un mundo lleno de sufrimiento y dolor? El saber la verdad debiera crear algo más grande que nuestras circunstancias en el presente, algo más poderoso: la fe. Y si crecemos en la fe y la practicamos como es necesario, nos ayudará a vencer el presente y obtener aquello que sí vale la pena: la vida y la recompensa eterna. La fe es lo que nos ayudará a vencer el presente y mirar hacia el futuro, dejar de prestarle tanta atención a lo corruptible para obtener lo incorruptible, y no enfocarnos tanto en el mundo temporal, sino en lo eterno.

Prosiguiendo, entendamos bien quién es nuestro enemigo. Dios no es nuestro enemigo, sino todo lo contrario; El es nuestro más grande aliado, quien nos ama increíblemente. Entonces, si no es Dios nuestro enemigo, ¿quién es? La respuesta obvia sería el diablo, pero tenemos algo aún peor que enfrentar que el diablo, y eso es: el pecado, la maldad. Obviamente, el diablo y sus huestes son un grave problema, pero nuestro principal enemigo es el pecado. Y lo que hace al diablo tan malo es que es un agente del pecado; él promueve el pecado y lo trata de introducir en todo lo que él pueda. ¿Por qué? Porque el enemigo es toda maldad, todo pecado. Cuando entiendes la naturaleza de algo, entonces entiendes de lo que es capaz. Es por eso que Dios aborrece la maldad y el pecado, como está escrito: Has amado la justicia y aborrecido la maldad… Salmo 45:7a.

Entonces, si Dios es bueno, y El es el que está, sobre todo, ¿por qué Dios permitiría que existiera tal cosa como el pecado y el diablo? Porque Dios es amor. Y una persona diría: ¿Qué tiene que ver el amor con el pecado? Para que el amor sea definido como tal, debe haber libre albedrío, la potestad de poder elegir. Es imposible que el verdadero amor exista o que sea posible si no hay libre albedrío, y en el libre albedrío, para que tenga propósito, debe haber opciones distintas y opuestas. O sea, existe Dios y hay un diablo, existe la justicia y existe la maldad, existe el bien y existe el mal, existe el amor y existe el odio, y así sucesivamente. Entonces Dios, que es amor, permite que existan opciones opuestas a El para que se pueda comprobar si le amamos o no. Esto dice Dios en Su Palabra: A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días… Deuteronomio 30:19-20a. Dios permitió que hubiera opciones para darle validez al libre albedrío. Esta es la razón por la cual El permitió que existiera el pecado. El deseo de Dios nunca fue que los que estuvieran con El fuera por obligación, sino más bien por su propio libre albedrío.

El Apóstol Pablo explicó que tenemos que pasar prueba y tribulación, y que hasta nos debemos gloriar en lo que debería producir tales cosas en nosotros como la esperanza y la paciencia. Pero, en conjunto con esto, él trata de llevarnos a considerar lo que Dios ha hecho por nosotros para lograr soportar las dificultades, como el hecho de que recibimos justificación gratuita ante Dios a través del Señor Jesucristo. Y que Dios hizo lo que hizo aun cuando éramos pecadores, enemigos de Dios. Esto dice la Palabra: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Efesios 2:1-8. Y escrito esta: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. Juan 3:16-17.

Entonces, ¿qué es lo que desea finalmente el Señor como fruto de nuestra fe? Lo que El siempre quiso, lo cual lo dio como mandamiento, no como obligación, sino para que entendiéramos que es algo indispensable, de amarle por sobre todas las cosas, en respuesta a Su amor, Su gracia, Su misericordia y bondad. Escrito esta: Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Deuteronomio 6:5-7. El deseo de Dios es que no solamente nosotros lleguemos a amarle voluntariamente como tal, sino que también ayudemos a los demás a amarle de la misma manera. El desea que Su amor sea correspondido por todos, pero no por obligación, sino como racionalmente hemos entendido a través de Su verdad todo lo que le debemos. Así que, ¿Estás aprendiendo a corresponder al amor de Dios como el fruto de tu fe en Cristo para vida y recompensa eterna? ¡Qué el Señor les bendiga! John ¡Dios bendiga a Israel!

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