Basado en Lucas 6:27-37 (Versión Reina Valera 1960)

Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.

Esto es lo más difícil de aceptar para muchos, e inclusive aún para aquellos de nosotros que llevamos mucho tiempo en el Señor: el amar a nuestros enemigos. Lo que lo hace tan difícil es nuestra naturaleza pecaminosa, la que aún sigue operando muy fuerte dentro de nuestros miembros, a pesar de entregarle nuestras vidas al Señor. Y este pecado que sigue todavía con mucha influencia dentro de nosotros, siempre nos va a impulsar a actuar en contra de la voluntad de Dios. El pecado siempre nos va a llevar a rebelarnos en contra de los principios divinos. Para lograr vencer esto a través del Señor, debemos entender ciertas cosas.

Para comenzar, unas de las armas principales que usa el diablo, en conjunto con el pecado que todavía mora en nosotros, es la autocompasión. Esta es la principal debilidad que se usa para evitar amar a nuestros enemigos. Muchas personas se justifican cuando dicen: ¡Tu no sabes lo que me hicieron! O ¡hay muchas cosas que se pueden perdonar, pero esto es imperdonable! Y vemos a través de la Palabra el arma de la autocompasión, aún de la manera mas sutil, lo cual hubiera destruido todo el plan de Dios, si el Señor en su estado carnal le hubiera hecho caso al enemigo a través de Pedro. Esto leemos: Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Mateo 16:21-23. ¡Bendito sea el Señor que no se dejo manipular por la autocompasión y cumplió todo hasta el final! ¿Se imaginan si el Señor hubiera cedido? Ahora, por desgracia, muchos alegarían: El era el Señor y tenia que ser así. Y sí, es verdad, el Señor era y es Dios, pero, ni Dios Padre, ni el Señor Jesucristo tenían ninguna obligación para con el hombre para hacer tales cosas. Son Dios, y como tal, nada sujeta al Creador con Su creación, sino Su propia voluntad y deseo. Pero, en fin, la autocompasión es una de las armas mas letales del enemigo, porque es sutil, y de cierta manera, es hasta razonable, y por supuesto, apela a nuestra carnalidad.

Lo segundo que el diablo usa para persuadirnos a no amar a nuestros enemigos, es un sentimiento de justicia, o sea, que no seria justo perdonar los males que se nos han hecho. Muchos hoy todavía siguen con el pensamiento: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero, esto no es lo que enseñó el Señor. Esto fue lo que dijo y dejo establecido: Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Mateo 5:38-42. Una cosa siempre debemos tener en cuenta, que nosotros jamás vamos a ser más justos que Dios y nadie puede ser más bueno que Dios. Y si El establece esto como mandato, entonces ¿Qué podemos decir nosotros?  

Y una tercera cosa que el diablo usa para persuadirnos a no amar a nuestros enemigos es el orgullo. Siempre está la preocupación de hacer el papel de tonto, o que, si perdonamos, nos van a pasar por encima, en todas las oportunidades que tengan. El orgullo es lo que muchas veces alimenta el odio, la ira, y el rencor, porque sencillamente, a nadie le gusta que lo pasen a llevar, que lo atropellen, o que se sientan estúpidos. Y esto es, una reacción muy natural porque el orgullo muchas veces funciona como una autodefensa, casi como una herramienta para sobrevivir. Pero, no hay nada en la Palabra de Dios que justifique el orgullo, no importa que una buena intención o utilidad se lo adjudique. Esto dice la Palabra: Hacer justicia y juicio es a Jehová más agradable que sacrificio. Altivez de ojos, y orgullo de corazón, y pensamiento de impíos, son pecado. Proverbios 21:3-4.

Finalmente, hay muchas otras cosas que usa el diablo para que no podamos sentir o demostrar algún tipo de amor para con nuestros enemigos. Pero, si deseamos hacer la voluntad de Dios y hasta recibir honra del Señor, como esta escrito: …porque yo honraré a los que me honran…, debemos entonces obedecerle. Esto dijo el Señor para que consideremos el lado práctico del amar a nuestros enemigos: Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Mateo 5:44-45. Nuestra verdad es que todos nosotros, antes de aceptar al Señor como tal, éramos por naturaleza enemigos de Dios, perdidos en nuestros pecados, y con uno solo destino: el infierno. Pero, bendito sea nuestro Dios y Padre (por Su gracia) que no pensó en la justicia al ver nuestra condición, porque en vez de tratarnos como lo merecíamos, El mostró misericordia y gracia, y nos ha dado una manera de recibir un perdón inmerecido a través de la cruz. Como esta escrito: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16. Y si Dios no nos trató como los enemigos que éramos, ¿No debiéramos considerar la misma bondad que El nos demostró? Por eso, en lo mas mínimo, antes de pensar mal o de vengarte en contra de tu enemigo, o dejar que el rencor tome lugar dentro de ti, considera lo que Dios ha hecho por ti. Es muy difícil llegar a amar a nuestros enemigos, y solo se puede hacer a través de una conversión real ante Dios y a través de seguir sometiéndonos a Su instrucción. Por lo tanto, ¿Tratás a tu enemigo como el prójimo que también es delante de los ojos de Dios? ¡Qué el Señor les bendiga! John ¡Dios bendiga a Israel!

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