Basado en Jonás 1:17 – 3:5 (Versión Reina Valera 1960)

Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches. Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo: Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste. Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí. Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; mas aún veré tu santo templo. Las aguas me rodearon hasta el alma, rodeóme el abismo; el alga se enredó a mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes; la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová. Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra. Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré. Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida. Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos.

La historia del profeta Jonás es una de las historias con más enseñanza en la Biblia sobre la importancia de obedecer a Dios, y de cómo la desobediencia puede afectar todo. Para poder entender esto, y aún mejor, es necesario entender la realidad y las artimañas del enemigo. Esta es la verdad: Que nuestras vidas y todo lo que hacemos impacta nuestro presente, nuestro futuro, afecta a todos alrededor nuestro, y afecta todo en lo que nos envolvemos o no (lo cual veremos después). Nadie es insignificante, nadie vive en una burbuja, nadie pasa por desapercibido, y como tal, no solo somos importantes, sino que tenemos una gran responsabilidad. Esta es la artimaña del enemigo: de desmentir o minimizar nuestro impacto, las consecuencias de nuestros hechos, y de que no tenemos ninguna importancia, y con todo eso, quitar todo tipo de responsabilidad. La meta mas grande del enemigo es hacer todo lo posible de quitarnos todo tipo de sentido de responsabilidad, y de que nada de lo que hacemos acarrea algún tipo de consecuencia, en fin, su meta es hacernos pensar que no existen las consecuencias.

Una de las mentiras mas grandes que el diablo a introducido dentro del pueblo de Dios es precisamente eso, el quitar cualquier tipo de sentido de responsabilidad, y de que no existen las consecuencias. Es más, muchas de las llamadas doctrinas que circulan hoy dentro de la Iglesia tienen encubiertos dentro de si estos principios. Y claro, el mejor crimen es el que queda encubierto y pasa por desapercibido. Por ejemplo, algo que usa el enemigo es el concepto de la predestinación, y el detalle que muchos siguen dentro de esta doctrina (porque sí hay lugar para la predestinación en la Biblia, pero no como se enseña). Cristo es el predestinado, y es posible que un grupo muy selecto de personas posiblemente (pero no del todo) que también hayan sido predestinados. Pero en general, no todos somos predestinados. El grave problema es pensar que todos ya tenemos un camino trazado y que lo único que estamos haciendo es llevando a cabo algo que fue predispuesto por Dios en la antigüedad. Ese es el error. Porque, si somos todos predestinados, entonces, ¿Qué responsabilidad existe, si después de todo, solo somos el producto de un plan que Dios trazo para todos? Y este concepto quita cualquier tipo de culpa y de juicio. En fin, inutiliza totalmente la posición de juez de Dios, y aún peor, culpa a Dios por todas las decisiones de los hombres, esto pone a Dios como que El fue el que decidió quien se pierde y quien se salva. Por lo tanto, esto es totalmente antibíblico. La verdad es que es el hombre y no Dios quien finalmente decide donde pasa la eternidad.

El otro problema que existe dentro del pueblo de Dios es el asunto de la falta de responsabilidad, y de asignarle mas responsabilidad a la gracia y a la misericordia de Dios, y quitar todo tipo de responsabilidad al creyente. O sea, que Dios todo lo perdona, y que no hay tal cosa como una mala decisión, que Dios saca provecho de todo, y que finalmente todo depende de Dios. Mucho de esto sí es verdad, pero no al extremo que se lleva. Las personas son responsables por sus hechos, por sus decisiones, especialmente cuando ya han conocido la Verdad. Y sí, Dios puede perdonar nuestros pecados, pero no perdona la rebelión. Y aunque perdona el pecado, muchas veces pueden quedar consecuencias. La gracia y el perdón de Dios están ahí siempre, pero no para el abuso, ni aún menos, para permitir una vida totalmente irresponsable y desobediente a El.

Otro problema muy grave es que casi todo en la iglesia moderna se concentra en pensar mas en las cosas de aquí, en el mundo presente. Se ha perdido totalmente el foco en la eternidad, en la esperanza del cielo y del reino de Dios. Casi todo se enfoca en recibir bendiciones aquí y ahora, en arreglar los problemas del presente, en recibir bienes materiales y cosas palpables. Es más, muchos miden la bendición de Dios solo con la riqueza, la comodidad, el bienestar, y en cumplir deseos egoístas. Y esto esta pudriendo a la iglesia. ¿Por qué? Porque el mundo solo ve más de si mismo en la iglesia en general, y no ve a Cristo. Esto dice la Palabra: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1 Juan 2:15-17. Si las personas aman más las cosas del mundo, aunque busquen que Dios se los dé, no permanecerán para siempre, sino que perderán su alma para siempre. Escrito esta: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Mateo 6:19-21.

¿Qué podemos aprender de Jonás? Si no fuere solo por la misericordia de Dios, Jonás hubiera perecido en el barco junto con todos los demás, y Dios hubiera destruido a Ninive, no solo por su maldad, sino porque Jonás le hubiera robado la oportunidad para el arrepentimiento. La tormenta fue parte de la misericordia de Dios. El gran pez fue parte de la misericordia de Dios, todas las cosas que Dios uso para ayudar (pero no forzar) al profeta a razonar y volver a hacer su trabajo, el obedecer a Dios. Por eso que tenemos que pensar, meditar, y si algo está mal, arrepentirnos, con la esperanza que todavía estamos a tiempo, porque hay veces que ésta la misericordia de Dios, y hay veces que se agota. No esperes a que se agote, por tu propio bien, y por el bien de los demás, porque todo lo que hacemos (o no) no solo nos afecta a nosotros, sino que también afecta a los demás. Escrito esta: No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. Gálatas 6:7-8. Entonces, ¿Qué quieres para ti mismo, corrupción eterna, o vida eterna? ¡Qué el Señor les bendiga! John ¡Dios bendiga a Israel!

2 Comments