Basado en Juan 4:39-54 (Versión Reina Valera 1960)
Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo. Dos días después, salió de allí y fue a Galilea. Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su propia tierra. Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta. Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea.
El matemático y físico francés Blaise Pascal dijo lo siguiente sobre la fe: Hay suficiente luz para aquellos que desean ver, y suficiente oscuridad para aquellos que tienen una disposición contraria. La lógica subyacente a esto puede interpretarse en el sentido de que Dios deja la ambigüedad justa para poner a prueba la intención humana y, al mismo tiempo, preservar el libre albedrío. Para poder explicar el punto aún más, y como esto se relaciona a la cita Bíblica, debiéramos ver un poco más el trasfondo de este Blaise Pascal, para comenzar. Blaise nació el 19 de junio de 1623, en Clermont-Ferrand, Francia, hijo de un colector de impuestos. Fue un prodigio de las matemáticas y de la ciencia, al cual se le atribuye muchos logros y conocimientos que hoy usamos en dichos campos. Por ejemplo, a los 16 años escribió un significante tratado sobre la geometría proyectiva y de secciones cónicas. Más tarde, influiría significativamente en la economía moderna y en las ciencias sociales mediante el desarrollo de la teoría de la probabilidad. Y en 1642, el comenzó a trabajar en lo que le llamaban maquinas calculadoras, estableciéndolo como uno de los inventores de la calculadora mecánica. Estos son unos pocos de los tantos logros que tuvo Pascal que han formado parte de nuestro desarrollo humano. Pero, en conjunto con esto, el llego a la fe un tiempo después.
¿Cuál es el punto con todo esto? El punto es que muchos le atribuyen su falta de fe o problemas con la fe por un asunto de intelecto, como que son demasiado inteligentes como para poder llegar a creer en Dios y en Jesucristo. Y justifican su incredulidad con su supuesta sobre capacitación intelectual. Pero, ha habido en la historia muchas personas inteligentes, poderosas, y hasta prodigios (como este Pascal) que su intelecto no le fue de estorbo para la fe. Ha habido reyes gentiles que profesaron tener fe en Dios como Nabucodonosor, Dario, y Ciro quienes prácticamente gobernaron el mundo, y como ellos mismos lo reconocieron, solo porque Dios lo permitió y se los otorgo. La historia también nos cuenta de Carlomagno el Grande, el primer emperador que reinó sobre el Sacro Imperio Romano, estableciendo el primer gobierno cristiano sobre el mundo. Así que, como dijo Pascal, todo el asunto sobre la fe no tiene nada que ver ni con el intelecto, ni con el poder, ni con nada semejante, sino que se trata de algo tan sencillo como si una persona desea tener fe o no. Nada se trata ni de aptitudes ni habilidades, sino del libre albedrio, si una persona escoge creer o no. Y esto nos lleva a lo siguiente.
El Señor dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. Y esto es verdad para muchas personas. La gran mayoría de las personas esperan algún tipo de prueba física de Dios para decidir tener fe en El. Pero sabemos por la Palabra, como también, por la realidad que vemos hoy, que haga lo que haga Dios, suceda lo que suceda, si no hay deseo de creer, no hay fe. En la Palabra vemos todos los hechos del Señor en la tierra. Y vemos que, a pesar de todas las señales que hizo, hasta levantar a los muertos, el pueblo en general no creyó. Vieron Sus hechos, los palparon, Lázaro hasta vivió y camino entre ellos, después de estar muerto por cuatro días, pero no llegaron a tal fe. En vez, ¿Qué fue lo que hicieron con el Señor? Lo arrestaron, lo azotaron, lo coronaron con espinas, y finalmente, lo clavaron en una cruz, donde vertió toda su sangre, y murió. Unos pueden decir muy neciamente: Esa fue culpa de los Judíos religiosos. Esto dice la Palabra: Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. Mateo 27:22-25. Por lo tanto, las señales y prodigios de poco sirven, porque crean algo temporal o sin raíz. Si se llega a una fe, no es algo permanente.
Pero, vemos el ejemplo de la mujer Samaritana, y del pueblo que la acompañaba. Lo único que hizo el Señor fue revelar una verdad oculta, revelar el pecado de la mujer. No hubo grandes sanidades, ni multiplicación de alimentos, ni liberaciones de demonios, ni nada así. No hubo señales. Los samaritanos creyeron que era el Cristo sencillamente por lo que les dijo la mujer, y por lo que El les predico durante su estadía de dos días.
Entonces, Para poder creer ¿No es suficiente toda Su creación, la obra de Su Palabra? ¿No es suficiente todo lo que sucede y es porque El lo permite, cosas que están totalmente fuera de nuestro control, como el aire que respiramos, el palpitar de nuestros corazones, la lluvia, el sol, la gravedad, y tantas otras cosas que son porque El lo permite? Como esta escrito: Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Romanos 1:20. Y lo mas significativo para nuestro futuro: ¿No es suficiente la sublime muestra de amor que hizo al morir en la cruz por toda la humanidad, para que por gracia y por fe en El, pudiésemos tener vida eterna? ¿Su misericordia no es suficiente? Escrito esta: ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor... Hebreos 10:29-30a. Tenemos mucho mas de lo necesario para poder llegar a creer en el Señor Jesucristo como tal. El asunto es solo querer creer. Así que, ¿Hás decidido tener fe en Cristo por la revelación de Su Verdad? ¡Qué el Señor les bendiga! John ¡Dios bendiga a Israel!