Basado en Apocalipsis 5 (Versión Reina Valera 1960)
Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.
El escritor español Pedro Valles escribió por primera vez este refrán en el 1549, y fue hecho mundialmente famoso gracias a Miquel de Cervantes Saavedra a través de su obra Don Quijote de la Mancha escrito en 1615, que dice así: Del dicho al hecho hay mucho trecho. El concepto de este refrán no fue creado por ellos, sino que refleja una verdad universal y fundamental, y por eso que es tan importante entenderlo, pero, sobre todo, cumplir las cosas (para bien por supuesto). Las palabras y las promesas tienen un valor, pero el llevarlas a cabo o cumplirlas es otra cosa, algo que es mucho más difícil, y en ciertas circunstancias, imposible de cumplir. Todas las relaciones dependen de promesas y de hechos, lo cual consisten en alguien diciendo algo o prometiendo algo, y de cumplir lo dicho. De esta manera se crea la confianza y la fe. En realidad, este es la base de la fe, tanto entre personas, y principalmente del hombre para con Dios. Una persona se gana la confianza de otra persona o de personas, o es digna de confianza si cumple lo que promete. Cuando una persona “tiene palabra”, por decir, es una persona estimada, aún hasta por sus enemigos. Ese es el valor de cumplir lo que uno promete o dice.
Ahora bien, llevándolo a lo divino, a Dios, lo cual es lo que nos debe importar más, esta es la manera que la fe es posible en el Dios Todopoderoso, porque lo que El dijo o dice siempre se cumple, de una manera u otra. Y la realidad es que la Palabra de Dios se cumple de tal manera que se cumple hasta en los distintos reinos, por decir, tanto como en este universo material como en el universo invisible. Todo lo que existe, sea lo temporal o lo eterno, lo físico como lo espiritual existe porque Dios lo dijo, como dice: Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. Colosenses 1:16-17. Este es el gran poder de Dios, el Señor Jesucristo. Es imposible nosotros poder comprender humanamente que este ser humilde que vino a ser el Cordero de Dios, a vivir como un hombre pobre, que fue crucificado y muerto, pudiese ser el mismo por el cual todo existe, y es y será. Pero, no obstante, el Apóstol Juan dijo esto: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. Juan 1:1-3. Este es el grave problema que la gran mayoría de nuestros amigos Judíos tienen (momentáneamente), de poder reconciliar que el mismo Dios que hizo todos los milagros a través de Moises podría ser este mismo Jesús, el YO SOY que hizo temblar el monte, que hizo caer fuego del cielo, y que abrió el mar, este Jesús de Nazaret. Y no seamos tan duros con ellos, porque, aunque muchos profesan creer en Cristo, a la hora de la prueba o de la obediencia, muchos ponen en duda Su deidad. La diferencia es que a lo menos son más sinceros. El propio Señor diría esto de muchos hoy que dicen creer en El: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran… Mateo 15:7-9a.
Entonces, ¿Qué tiene que ver todo esto con el pasaje de hoy? El Señor es digno no solo como parte del “Elohim” mencionado en el Antiguo Testamento, sino que también es digno por todo lo que El ha hecho y cumplido. El no solo es la Palabra de Dios, sino el hecho de Dios. O sea, cuando Dios habla, es a través de Cristo, y el que hace realidad la Palabra de Dios es Cristo. Cuando: …dijo Dios (el Elohim): Sea la luz, y fue la luz (Genesis 1:3), el Señor fue tanto la Palabra como el que lo hizo realidad. Cuando todas las profecías que fueron escritas del Mesias se cumplieron en el Señor, fue El, él que las pronuncio a través de Su Palabra y las cumplió. Escrito está: Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Mateo 1:22-23. Y lo más grande que cumplió el Señor fue Su sacrificio, al entregarse a ser muerto por obediencia a Dios Padre, el Santo tomo nuestro lugar solo por gracia, misericordia, y amor. Por eso que a lo que más referencia se hace en el pasaje de Apocalipsis 5 es “el Cordero”. Dios sabía desde el principio que todo tenía que cumplirse, pero una cosa es saber las cosas y otra cosa es verlas cumplidas, ver el hecho en acción. Dios Padre vió a Su Hijo Unigénito dejarse arrestar, dejarse burlar y azotar. Y finalmente, dejarse clavar y morir en la cruz, por amor y por obediencia.
Y esto nos lleva a lo que más nos debe concernir a nosotros, el gran juicio que nos espera. Dios sabe todo lo que va a suceder, y todo lo que cada uno de nosotros va a hacer bien o mal, pero el juicio no es posible a través del saber, sino a través de los hechos. Toda la diferencia está en los hechos, y principalmente, si somos cristianos de palabras solamente, o de corazón. La Palabra dice: El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Apocalipsis 21:7. El Señor Jesús venció en la cruz y ahora está sentado a la diestra de Dios Padre, tanto por título como por hechos. Y ahora, nos toca a nosotros. Todo lo podemos hacer en Cristo, porque no podemos solos, pero, no obstante, debemos disponernos y someternos a llevar a cabo Su voluntad, para la gloria de Dios y para que este a nuestra cuenta como evidencia de nuestra fe. Así que, ¿Cónoces solamente la fe en Cristo, o la vives diariamente? ¡Qué el Señor les bendiga! John ¡Dios bendiga a Israel!