Basado en Marcos 9:42-48 (Versión Reina Valera 1960)
Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar. Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
Vivimos en una sociedad que desea todas las cosas casi instantáneamente y sin ningún tipo de esfuerzo o esmero. Y a casi nadie en el presente le gusta la idea de trabajar duro para conseguir algo, de que hay que hacer sacrificios y que las cosas que valen la pena toman mucho tiempo y dedicación. Muchos ya no creen ni en el trabajo duro, ni en el sacrificio, ni en la paciencia, ni en nada relacionado a la persistencia y la diligencia. La gran mayoría quieren gratificación instantánea con el menor esfuerzo posible, y por desgracia, este mismo mal se ve dentro del pueblo de Dios.
En muchas partes hoy, se predican evangelios o doctrinas que ponen el seguir a Cristo como algo excesivamente fácil, y que llegar al cielo no debe costar nada. El evangelio no es difícil en si, pero el caminar y seguir a Cristo no es fácil. Por ejemplo, muchos enseñan que lo único que una persona debe hacer para llegar al cielo es creer en Cristo, y nada más, sin arrepentimiento y sin un caminar de obediencia, que con solo creer se consigue todo. Otros enseñan que no podemos ganar el cielo con nuestras obras, y que todo es por gracia, y que una persona ya no tiene que hacer nada después de aceptar a Cristo porque las obras no valen de nada. Otros enseñan que toda la obra la hace el Espiritu Santo, y que a la hora que una persona recibe el Señor, todo pasará solo, sin que uno se tenga que esmerar en nada. Y también, hay otras enseñanzas que dictan que, si uno tiene suficiente fe, todo lo que te propongas va a salir bien, y que tendrás salud y también muchos bienes materiales, porque somos hijos de un Rey. Y asi, hay otras enseñanzas que son un producto de medias verdades, con el fin de atraer a las masas, o que no se vayan las personas de la iglesia, para que se puedan mantener económicamente.
Podemos aclarar todo esto con el verdadero evangelio, con la sana doctrina, completamente basada en la plenitud de las Escrituras y no en conveniencias o en cosas que favorecen la carne. El verdadero evangelio consta de: un completo arrepentimiento y conversión de todos nuestros pecados; de creer y aceptar al Señor Jesucristo cómo Dios y Señor; y de seguirlo como el Señor que debe ser en nuestras vidas, buscando hacer Su voluntad y no la nuestra, lo cual nos lleva a las buenas obras, de las cuales habla la palabra de Dios, que son necesarias de hacer como parte de nuestra obediencia. Ya que este es el completo evangelio, esto entonces descarta muchas de las otras cosas que se enseñan como verdad. Habiendo dicho esto, podemos ver lo siguiente.
Lo primero que podemos ver a través de este pasaje es de que existe tal principio como el libro albedrío, y de que debemos someter nuestra voluntad a lo que Dios manda. Leimos muchas cosas que son dadas como instrucción, como cosas que se deben hacer, y que son cosas que van a ser difíciles. Y el Señor también advierte de que, si no hacemos estas cosas, o que evitemos hacer estas ciertas cosas, corremos el peligro de no llegar a la meta eterna. El Señor no lo dice sólo una vez, sino tres veces de que, si no nos cuidamos de hacer ciertas cosas, que no obtendremos entrada al cielo, sino que seremos enviados al infierno. Más claro y tajantemente no lo pudo decir. Habla primero del asunto de no ser de tropiezo a los demás. Esto nos lleva a entender de qué por nuestra propia voluntad, debemos estar pendiente de nuestros hechos, y que no podemos vivir esta vida descuidada e irresponsablemente. Y El también dijo de qué si no nos despojamos de ciertas partes de nuestro cuerpo que nos llevan a caer, que no entraríamos en el reino. Ahora, esto no es un significado literal, de que debemos cortar nuestra mano, o de cortar nuestro pie, o de sacarnos un ojo, literalmente, para no caer. Pero el punto que El está llevando es que debes tomar decisiones muy difíciles para que puedas llegar a obtener la entrada al reino, para dejar de hacer o de practicar cosas que no te dejen heredar la vida eterna. Y estas decisiones van a ser difíciles. Eso es lo que implica el pasaje, que algo te va a costar, y en base a tu libre albedrío, son medidas que tienes que tomar que El te lleva a entenderlas, pero que tú tienes que decidir. Es posible que te sea más fácil cortarte una parte del cuerpo en comparación a las decisiones que puede que tengas que tomar para poder seguir a Cristo. Está es la verdad. La salvación del Señor es totalmente gratuita, es por gracia, pero él seguir a Cristo si tiene un precio.
La Biblia dice así: Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna. 1 Corintios 6:12. ¿Qué significa esto? Ya que todas las cosas son lícitas, eso muestra claramente el asunto del libre albedrío, de que tenemos la potestad de hacer todo lo que queramos, que no hay algo que nos frene o nos detenga. Dios mismo no nos detiene, ni nos obliga a hacer, o no hacer las cosas. Entonces, todo es lícito, o tengo acceso a hacer lo que yo quiera, pero no todo conviene, o es para mí bien. O sea, de poder todo se puede, pero que debemos hacer algo o no, ese es otro asunto. Y aún más, nosotros no nos podemos dejar dominar por nada, sino sólo por el Señor. Nosotros debemos tener un Señor y no varios. Esto es lo que significa el asunto de no dejarnos dominar por nada. Esto dice la palabra: Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1:7. Dios claramente habla acerca del dominio propio, lo cual da lugar al libre albedrío, y de disponer nuestra voluntad para hacer Su voluntad. Si todo en el Señor fuera como un piloto automático, como algunos lo ponen, entonces El no mencionaría el dominio propio. El pasaje habla también de que no debemos ser cobardes, lo cual implica vencer la cobardía a través de Su poder, y por amor a Él.
Esto, finalmente, dice la palabra: Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:1-2. Todo esto tiene que ver con el someter nuestra voluntad a Dios, para hacer las cosas que Él nos manda, y algunas de ellas serán fáciles, y otras pueden que sean muy difíciles. Pero, el punto es que debemos vivir para Cristo y estar dispuestos a hacer lo que El quiera que hagamos, y también, pagar el precio que sea necesario para poder demostrarle nuestro amor, como El se lo merece. Todo es por amor, a fin de cuenta, y el amor, muchas veces sí puede ser muy difícil, pero nada se compara al eterno amor y esperanza que tenemos en Cristo Jesús. Así que, ¿adorás al Señor en espíritu y en verdad con tu vida? ¡Qué el Señor les bendiga! John ¡Dios bendiga a Israel!